Entrevista con Gaura Bhakta Dasa

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A finales del año 1991, dos jóvenes devotos se aventuraron a distribuir los libros de Srila Prabhupada por diversos países árabes. A pesar de las dificultades que enfrentaron, vivieron experiencias inolvidables y presenciaron el interés genuíno de las personas por recibir la conciencia de Krishna.

(Entrevista realizada en el año 1992, por la revista Back To Godhead)

¿Cuándo fuiste a Marruecos, Argelia y T£nez?

En noviembre de 1991. Abhideya Dasa y yo salimos de Nueva Mayapur, nuestra finca en Francia, después de recibir las bendiciones de los devotos. Nos detuvimos en Málaga, España, para participar en una celebración. Para entrar en Marruecos tuvimos que pasar la aduana. Teníamos miedo pues llevábamos ochocientos libros de Prabhupada escondidos en el coche. Los aduaneros nos preguntaron qué llevábamos en el coche. Les respondimos: «Unos regalos». Querían comprobarlo. Pero Abhideya les dijo algo y, de un modo u otro, Krisna nos protegió y pudimos pasar.

Estuvimos un día en Ceuta, una ciudad española en la costa norte de Marruecos. Una ciudad muy bonita con cientos de turistas. Allí nos encontramos con un devoto natural de la India, Hari Narayana Prabhu. El organizó una recepción muy hermosa, nos ofreció prasadam y doscientas o trescientas revistas en francés. Nos animó a predicar. Luego nos dirigimos hacia el interior de Marruecos.

Llegamos a Tetuán, una pequeña ciudad. El primer día, mientras estábamos cantando Hare Krisna, algunos pensaron que estábamos drogados. Maya siempre está intentando algo para frenar nuestro servicio. Cuando les hablé les satisfizo lo que escucharon: «Sí, sí, seguid cantando».

Dos días después fuimos a Tánger, una ciudad internacional. Cientos de turistas, escritores, artistas. Nos encontramos con Nayanabhiram Prabhu, un devoto americano que reside allí y enseña inglés. Organizó una reunión en su colegio a la que acudieron unos veinte o treinta estudiantes. Ofrecimos una presentación de la conciencia de Krisna, y luego todos pidieron una Bhagavad-gita. Les dijimos que sólo disponíamos de unas pocas copias, al final cada uno consiguió su copia.

Después nos encontramos con una familia india. La madre dijo: «Quiero todos los libros que tengáis en inglés». Nos invitó a celebrar una reunión en su casa, y, para nuestro asombro, tenía unas deidades grandes de Radha-Krisna. Cocinó, le enseñamos un vídeo sobre el canto, y realizamos un bhajana (canciones) y una charla. Una reunión muy agradable.

El día siguiente salimos a distribuir los libros de Prabhupada. Abhideya fue a las tiendas, y yo me quedé en la calle. Fue sorprendente, pues todas las que me encontré se quedaron con un libro. Un señor incluso me abrazó diciendo: “Muchas gracias por traer estos libros a nuestro país». Era consciente del valor de estos libros. Y yo me di cuenta de lo afortunados que eran al comprender la importancia de los libros.

Luego nos dirigimos a Rabat, la capital de Marruecos. También allí vendimos libros en las tiendas y en la calle. Nos encontramos personas muy agradables e interesadas en la filosofía de la conciencia de Krisna.

De Rabat fuimos a Casablanca, donde la gente se mostró más interesada si cabe. Allí nos entrevistamos con más de 150 hindúes. Estaban muy interesados por la conciencia de Krisna y nos invitaron a celebrar reuniones en sus casas. El presidente de una asociación hindú nos invitó a tomar prasadam, y nos ofreció regalos. Dijo: «Sea cual sea la ayuda que necesitéis, no dudéis en pedírmela. Estoy aquí con toda la gente india dispuestos a daros una mano si queréis estableceros en esta ciudad». Abhideya ya había estado en Casablanca el año anterior y se había encontrado con algunas familias hindúes. Cuando regresamos a sus casas pudimos darnos cuenta de lo mucho que habían avanzado. Cantaban y estaban leyendo los libros de Srila Prabhupada. Al ver a Abhideya comenzaron a llorar de alegría, incluso le besaron. Decían: «Por favor, venid a nuestra casa y haremos una reunión». Todos estaban cantando, tomando prasadam. Fue asombroso ver a todas aquellas personas cantando Hare Krisna llenas de éxtasis. Puede darme cuenta de que disfrutaban cantando Hare Krisna. Son devotos. Y en cada tienda nos compraron los libros.

Después de Casablanca fuimos hasta Marrakech, donde estuvimos un día o dos. Luego fuimos a Agadir, en la costa accidental.

Desde allí nos dirigimos a Efran, en las montañas. Nos encontramos con dos jóvenes a los que invitamos a cantar y a tomar prasadam. Para nuestro asombro, en mitad del kirtana, uno de ellos se levantó y comenzó a danzar lleno de éxtasis. Nos miramos sorprendidos. Cogió la mridanga y comenzó a tocar mientras su amigo seguía el ritmo Hare Krisna con la guitarra. De una manera muy natural. No les pedimos que bailaran ni que cantaran. Salió de ellos. Fue como si ambos hubieran despertado de repente de un sueño, como dos devotos que hubieran olvidado a Krisna y, al oír Hare Krisna, despertaran. Despertaron y comenzaron a cantar y a bailar. Cantamos hasta la una de la madrugada. Aún así no querían que parásemos.

Desde allí nos dirigimos a visitar la familia de Abhideya. Viven en Marruecos, cerca de la frontera argelina. Tiene más de setenta primos. Hicimos reuniones con sus primos y distribuimos libros en las tiendas. Fue difícil pues hay allí cierta tensión política. Llegamos mientras estaban preparándose para celebrar unas elecciones. Había algunos seguidores, y algunos contrarios, del movimiento Islámico. O sea que no fue muy sencillo pues la policía y el ejército se encontraban por todas partes, controlando a la gente, buscando fugitivos. Nos paraban cada hora para registrar el coche. No nos era nada fácil predicar libremente. Por eso decidimos dirigirnos a las ciudades bereberes.

Comenzamos en la ciudad de Tizi Ouzou. Allí eran muy favorables a la conciencia de Krisna. Todos hablaban francés, cada uno se llevó un libro, contentísimos con la conciencia de Krisna. Sin fanatismos. Estaban muy dispuestos a escuchar cosas de la conciencia de Krisna.

Desde allí nos dirigimos a Setif, Argelia, donde viven mis padres. Ellos me dijeron: «Practicas la conciencia de Krisna, que no pertenece a nuestra fe; no es Islam». Pero como fui con Abhideya se ofrecieron a hospedarnos. Como Abhideya es de Marruecos y habla la misma lengua que mis padres, estaban muy animados. Mi padre dijo: «Cada vez es más peligroso, no prediquéis. Si lo hacéis vais a tener muchos problemas, Por favor no prediquéis aquí».

Por eso desde allí nos dirigimos a Bejaia. Otra ciudad Bereber, próxima al mar, una ciudad histórica. Vendimos libros en las calles y en las tiendas. Distribuimos muchos libros y la gente estaba muy contenta. De camino nos detuvimos en una librería pequeña que pertenecía a un hombre con el que me había encontrado con anterioridad. El me había dicho que fuera a visitarle cuando fuera a ver a mi familia. Sin embargo no pude encontrarlo, miré y vi otra librería. Ofrecí al dueño la Bhagavad-gita y el libro de Krisna. Me respondió: «Sí, te compro algunos». Me pidió 20 de cada. Le dije que de acuerdo. Vino conmigo hasta el coche y allí me dijo: «¿Puedo quedarme todos los libros?».

Le expliqué que los libros estaban destinados a otros países, «No puedo dárselos todos, sólo algunos». No quedó muy contento. Los quería todos. De modo que le pregunté por qué los quería todos. Me respondió: «Soy el encargado del Albergue Juvenil. A los jóvenes les encantarían esas ilustraciones, los libros, por eso me gustaría poder dárselos». Al fin le vendimos el Bhagavad-gita, El libro de Krisna, Volver a nacer y algunas revistas. Se quedó muy contento.

Luego regresamos a Setif y después a Constantina, al Este. Allí visitamos a los padres de un devoto argelino. Sus padres se mostraron muy contentos. Nos reunimos con su hermano y con sus hermanas. Todos estaban muy contentos. Estuvimos predicándoles durante dos horas. No paraban de reírse de alegría. Al principio pensaban que nuestro movimiento era algo muy cerrado y fanático. Sin embargo, cuando nos vieron (son bereberes, como nosotros), se sorprendieron de que hubiera árabes en el movimiento.

Mi padre nos había dicho que abandonáramos el país antes de la segunda elección, el 16 de enero. Así que nos fuimos a Túnez, la capital. En Túnez encontramos el verdadero néctar. Krisna fue tan bondadoso que, después de las dificultades sufridas en Argelia, nos dio un respiro. Comenzamos visitando las tiendas, y yo no salía de mi asombro pues tienda tras tienda todos compraban los libros. A Abhideya le ocurrió lo mismo. Pasadas dos horas nos encontramos, yo le pregunté: «Prabhu, qué extático, ¿verdad?». A lo que él me respondió: «Sí, he dado muchos libros. Krisna quiere algo de este lugar, ¿no?». Y continuamos entusiasmados distribuyendo libros.

Túnez es uno de los mejores lugares. Quizás no sea tan rico como Marruecos, pero la gente está más inclinada hacia la espiritualidad que los habitantes de Marruecos o de Argelia. Distribuimos unos cuatrocientos libros. Fue una gran sorpresa. No creía que pudiéramos distribuir tantos libros y con tanta facilidad en esos países. Y llevamos a cabo unas veinte reuniones. Tuvimos un prasadam muy bueno. Nos entregaron donativos. Krisna se hizo cargo de todo: dinero para mantenernos, para comprar alimentos, etc. La gente lloraba de alegría. Exclamaban: «Este movimiento es maravilloso. Es como si estuviésemos en la India».

¿Todos eran árabes?

Sí, todos árabes. Algunos de Egipto, aunque la mayoría eran tunecinos. Tuvimos que decidir si creábamos algún centro, por supuesto de incógnito, o si continuábamos viajando. Nuestro propósito inicial era llegar a Turquía, y de manera especial, el Líbano, y en concreto los drusos, a quiénes les encantan nuestros libros y nuestras ideas. Y en esos momentos pensábamos ir a predicar al Líbano, Siria, Iraq, Arabia Saudí y demás países vecinos.

Ahora ya sabemos, por la gracia de Krisna, cómo predicar en esos países. Y cómo presentarlo. Y no tenemos miedo, pues sabemos que allí hay devotos; tan sólo están a la espera. Estamos convencidos de que todos los países árabes tienen devotos, como en Francia, Inglaterra o América.

Después regresamos a Francia, felices y llenos de entusiasmo. No esperábamos tal respuesta. Respondieron al mensaje con mucho entusiasmo.

 

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