Entrevista con Ekatvam Dasa

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Ekatvam Dasa es de Gurabo (Puerto Rico) y se unió al movimiento Hare Krishna en el año 1979. Lleva distribuyendo libros casi 40 años.

Carta de Sankirtan: ¿Cuál es la importancia de la distribución de libros?

Ekatvam Dasa: El Señor Chaitanya tiene un deseo intenso de liberar a las almas condicionadas y por eso inauguró este movimiento de sankirtana. Srila Prabhupada lo trajo a Occidente, y comenzó sentándose en un parque para que las personas cantaran el santo nombre del Señor. Nosotros estamos intentando hacer lo mismo, que la gente cante con nosotros. Cuando estamos en el templo rodeados de devotos sentimos la potencia de ese canto. Las almas de este mundo material son siervas eternas del Señor, pero lo han olvidado. Mediante la difusión de estos libros, podemos intentar convencerles para que acepten los principios de la conciencia de Krishna. Cuando una persona que ha adquirido un libro viene al templo y decide volverse devota del Señor, nos sentimos muy inspirados. Nuestro deseo es complacer al Señor, y una de las maneras más fáciles de hacerlo es distribuyendo el mensaje de la conciencia de Krishna y ayudando a las personas a que vuelvan a ser conscientes de Dios.

Carta de Sankirtan: ¿Cuándo empezaste a distribuir libros? ¿Qué te inspira a realizarlo?

Ekatvam Dasa: Yo empecé tan solo seis meses después de conocer a los devotos, en el año 1979. Por la misericordia de Chaitanya Mahaprabhu y de los devotos, aún continúo intentando distribuir libros cada día. Actualmente, debido a mi edad, el cuerpo me está poniendo algunas limitaciones, pero aun así consigo salir a distribuir libros algunas horas.

Una de mis fuentes de inspiración es mi guru maharaja, Satsvarupa Dasa Gosvami. El propio servicio de distribuir libros también es una fuente de inspiración; si no lo realizo, siento un vacío, me cuesta ser feliz. Pero cuando hago sankirtana siento una inspiración continua y eso me impulsa a continuar, siento una satisfacción interna. A veces tengo días difíciles en los que me siento incómodo, pero no dejo que esto me distraiga.

Carta de Sankirtan: ¿Cómo ha sido la experiencia de distribuir libros en tu vida?

Ekatvam Dasa: Cuando empecé a distribuir libros me resultó muy difícil. En el templo de Puerto Rico había otros bhaktas y varios discípulos de Srila Prabhupada, y uno de ellos, Raghupati Prana Dasa, el líder de sankirtana, siempre me animaba a distribuir libros. Yo prefería vender incienso porque así lograba ganar dinero más rápido, y al volver al templo le decía a Raghupati Prana Dasa que era difícil vender los libros. Pero él me corregía inmediatamente y me decía que sí se podían distribuir, pues había un grupo de discípulos de Prabhupada que lo conseguían. Entonces comencé a distribuir libros pequeños, y luego me atreví con los medianos y los grandes, hasta que me acostumbré a ello.

Pronto llegaron más discípulos de Prabhupada desde Estados Unidos, y Purushartha Dasa se volvió el nuevo líder de sankirtana. Él distribuía libros en el aeropuerto y decidió entrenarme para hacer lo mismo. Era un poco más difícil, más intenso, porque la gente siempre tenía prisa, había mucha seguridad y los otros trabajadores tenían mucha envidia de las donaciones que recibíamos de las personas. Había que tener mucha tolerancia y no siempre lo conseguía. Con el tiempo me fui purificando y entendiendo lo que es la conciencia de Krishna. Al principio no entendía mucho la filosofía… Me iba muy bien en el aeropuerto, llegaba a distribuir hasta 50 Bhagavad-gitas al día y competía con los devotos de Estados Unidos. Yo quería estar entre los tres primeros lugares o ser el primero, entonces me esforzaba mucho y dedicaba muchas horas. Pero no lo hacía con mucha delicadeza: para mí, lo importante era entregar los libros como fuera. Así pasé unos 25 años distribuyendo libros en el aeropuerto. En la época del maratón, a veces alquilaba una habitación en el aeropuerto para poder recibir a los pasajeros del primer vuelo que llegaba.

Trabajaba muchas horas al día y no sacaba tiempo para leer los libros. Yo sabía que Prabhupada quería que los leyéramos y los había escrito para nosotros, pero aun así yo no le prestaba mucho interés y solo me dedicaba a distribuirlos. Y así pasé unos cinco años, sin leer los libros, solo distribuyéndolos. Hasta que llegó un momento en que pensé que ya era el momento de empezar a leerlos; y ahora, si no los leo, se me hace muy difícil distribuirlos. También cambié mi manera de tratar a la gente, y empecé a ser más caballeroso e intentar convencerles filosóficamente. He pasado por diferentes etapas en la conciencia de Krishna, y gracias a la compañía de los otros devotos, he podido ir entendiendo cuál es el propósito del sankirtana.

Carta de Sankirtan: ¿Qué es lo que más te gusta de este servicio?

Ekatvam Dasa: Este movimiento está basado en la distribución de libros. La conciencia de Krishna es un proceso sublime en el que nos vamos purificando. Es muy importante que las personas se eduquen, y los libros de Srila Prabhupada están educándolas.

A veces vuelvo a encontrarme con personas que anteriormente se han llevado un libro, y se muestran totalmente complacidas. En ocasiones dicen: «¡Qué libros más maravillosos! ¿Tienes más?». Una vez estaba distribuyendo libros en un centro comercial y se acercó una señora. Le mostré los libros y ella dijo: «Mi hijo tenía problemas psicológicos crónicos, y desde que empezó a leer estos libros empezó a mejorar. ¿Tienes más para venderme?». Y se llevó como cuatro o cinco libros más.

Carta de Sankirtan: ¿Te gustaría contarnos alguna historia que te haya ocurrido?

Ekatvam Dasa: Una vez salí a distribuir libros con los discípulos de Srila Prabhupada y decidí entrar a un caserío (un lugar donde viven personas degradadas). Nityananda predicó a Jagai y Madai, personas sumamente degradadas, entonces no vi ningún problema en entrar a este lugar. Al entrar vi a un grupo de jóvenes y, tras presentarles los libros y algunos inciensos, comenzaron a burlarse de mí. Me di cuenta que era mejor marcharse y, como pude, recuperé los libros y los inciensos para irme. Ellos empezaron a empujarme y yo traté de defenderme, pero como eran muchos decidí salir corriendo de allí. Uno de los jóvenes agarró un bate y comenzó a perseguirme, hasta alcanzarme y golpearme en el pie. Yo caí al suelo con mi bolsa de libros y empecé a orar al Señor Nrisimhadeva, y entonces aparecieron tres o cuatro devotos y lograron alejar a los jóvenes que me perseguían. El Señor me protegió a través de los devotos y me sentí muy feliz.

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