Reconexión en la Universidad

Fue un fin de semana increíble. Salimos de Cuerámaro hacia la ciudad de León (Guanajuato), muy entusiasmados porque estábamos llevando a Srila Prabhupada a un lugar que me gusta mucho. Sábado y domingo distribuimos libros en semáforos, y el lunes muy temprano, Bhakta Daniel y yo fuimos a la Universidad Tecnológica. A pesar de que era semana de exámenes, los maestros se mostraban favorables nos dejaban entrar a sus aulas, y nuestras mochilas comenzaron a vaciarse.

Unas horas después, al salir de un aula y pasar frente a una oficina, cruzamos una mirada con el profesor que había dentro. Él dejó lo que estaba haciendo y comenzó a seguirnos. Preocupados, comenzamos a bajar velozmente las escaleras, pero era demasiado tarde… El profesor nos alcanzó, y uniendo las palmas de sus manos y bajando la cabeza, exclamó: “¡Haribol!”. Le respondimos con un tímido “Hare Krishna”, y le preguntábamos si conocía el movimiento Hare Krishna. Él rio suavemente y dijo: “No es difícil reconocerlos”. Nos quedamos desconcertados, pues no estábamos usando nuestras ropas devocionales en aquel momento, y las boinas que llevábamos tapaban nuestras sikhas.

Le mostramos los libros, y él aseguró que los tenía todos. Sin embargo, cuando le mostramos el Bhagavad-gitapequeño, su expresión cambió: “Oh, sí, yo lo tenía, pero me desapegaron de él. Qué bonita edición… Ahora no tengo dinero, pero si pasan por mi oficina más tarde les compraré el libro”. Nos despedimos y continuamos con nuestro “ataque”. Unas horas después lo visitamos en su oficina, que nos invitó a entrar muy emocionado, y nos mostró su colección de libros de Srila Prabhupada bellamente ordenados. Nos contó que había conocido a los devotos 35 años atrás, en Arizona. Un devoto subió al bus en el que viajaba y le distribuyó un par de libros que, según él, llegaron en el momento exacto, pues estaba pasando por un momento muy difícil en su vida. Los empezó a ojear, y con lágrimas en los ojos se sintió muy afortunado de haberlos encontrado. En el próximo viaje, eligió una ruta más larga para ver si volvía a encontrarse con el mismo sankiranero, pero no apareció. A lo largo de estos años, tuvo varios encuentros con otros vaishnavas, y siempre que los veía sentía una envidia terrible, pues los veía cantando felices. Él siguió leyendo los libros de Srila Prabhupada y quiso ir a vivir a un templo, pero estaba a punto de casarse y tenía una carrera. Pasaron los años y él seguía leyendo los libros de forma esporádica, pero no vio más a los devotos. Hasta que un día, visitó la finca en Tulancingo (Hidalgo), y su interés despertó nuevamente. Dentro de lo posible, predicaba a sus estudiantes. En su computadora tenía una imagen de Nrisimhadeva, y cuando algún alumno le preguntaba, él contestaba emocionado que Nrisimhadeva era el que se encargaba de “partirle la cara a los malos”. Nos despedimos, no sin que antes nos dijera que su libro favorito era Las enseñanzas del Señor Caitanya, aunque no ha podido leer más allá de la introducción pues le emociona muchísimo. Intercambiamos nuestros datos y seguimos nuestro camino, sintiéndonos renovados para encarar un par de aulas más.

Así es la misericordia de Srila Prabhupada: aunque no poseamos ninguna cualidad y seamos un océano de faltas, él nos utiliza al servicio de Krishna y nos colma de bellos momentos que pueden conectarnos con el maestro espiritual y Krishna a la hora de la muerte. ¡Sankirtana ki jay!

 

Sus servidores,

Bhakta Daniel y Lilananda das
México

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