Los consejos de una anciana

Mientras hablaba con un joven tratando de animarle para que se llevara un libro, una anciana apareció e interrumpió nuestra conversación:

– ¡Esos libros!… ¿los vendes joven?

Al escuchar estas palabras el joven inmediatamente me devolvió los libros y se fue silenciosamente. Cada día el sankirtana es una enseñanza, y este joven solo era un instrumento para aprender algo más en la vida. Porque no solamente bastan las palabras para decir que algo nos interesa: también hay que tener en cuenta la actitud, eso también es muy importante. Este joven me dijo que estaba muy interesado en los libros de Srila Prabhupada, pero en cuanto se le presentó la oportunidad de irse, se fue inmediatamente sin decirme nada, y este comportamiento demuestra en la práctica que él no estaba interesado en los libros.

Krishna es el controlador Supremo y está moviendo las piezas perfectamente. En otras palabras, Krishna me hizo entender que la anciana que interrumpió era la que más merecía la misericordia y que debía darle una mejor atención. Mientras que el joven tan solo por tocar los libros de Srila Prabhupada, ya recibió la misericordia del Señor Caitanya Mahaprabhu. Así que ambos fueron instrumentos para recibir la misericordia de Krishna de acuerdo a sus deseos.

Al entregarle los libros a la anciana, le dije:

– Usted merece leer estos libros. Son muy especiales para Usted.

Cuando leyó el título Karma, y Más allá del nacimiento y de la muerte, la anciana comento entusiasmada:

–Yo si creo en el karma. En mi opinión, aquel que no cree en estas cosas es un demente, está loco.

– Ah, ¿si? – le interrumpí sorprendido por su manera de hablar.

Y luego continúo explicándome:

–Todo lo que hacemos en la vida se paga. Yo le he vivido, hijo, y por eso debes recordar siempre los consejos de esta anciana.

Sus palabras eran aceptables y por eso le dije emocionado:

– Estoy de acuerdo contigo, y te doy toda la razón.

Entonces permití que hablara para entender su manera de pensar, y en base a eso predicarle.

– Yo tengo una amiga – me comento al iniciar la conversación –, pero no tiene esto (y con un gesto me hizo entender que carecía de inteligencia). Le dije tantas veces: “haz siempre el bien a los demás, ayuda a las personas cuando ellos te necesiten”. Pero ella no aplica nada de mis consejos, parece que le entra por un oído y le sale por el otro, y no retiene nada. Creo que tiene un corazón muy duro, y por eso está como está. Pobrecita mi amiga, ella está sufriendo y me da mucha pena verla así.

Haciendo una pausa, me contó la siguiente historia:

– Un día, mi amiga me comentó que cuando era joven vio que su papá tuvo un tumor en la parte de la cintura y ella nunca le ayudó, pues más bien estaba avergonzada por tener un padre siempre enfermo, hasta que su anciano padre murió. Ahora que ella está anciana le ha salido el mismo tumor que tenía su padre y en el mismo lugar. A ella le suceden cosas peores, le salen gusanos del tumor y es horrible ver eso, pero gracias a Dios pronto lo van a operar. Yo sé que ella está pagando karma. Yo sí creo en el karma y estas cosas me interesan.

Convencida de que cada acción trae una reacción, la anciana se animó diciéndome:

– Me llevo este libro, Karma. ¿Tienes otro libro igual para llevarme? Quiero llevarme dos: uno se queda conmigo y el otro se la voy a regalar a mi amiga.

Le entregué de inmediato otro libro Karma.

– Que buena persona es usted –le dije. Le gusta ayudar y hacer el bien a los demás.

–Si supieras a lo que me dedico, hijo –me respondió muy contenta–. Siempre estoy ayudo a mi prójimo.

– Cuénteme qué hace usted, madre –le pregunte con ansias de saber más.

Entonces empezó hablar en diferentes humores: al principio, sus palabras eran de enojo, después algo tristes, pero finalmente termino explicándome muy contenta:

– No puedo entender como hay personas así, y que esto ocurra en la misma familia. Esto no tiene perdón de Dios. A mi suegro, que tiene 90 años, lo abandonaron todos sus hijos. Nadie quiso hacerse cargo de él, estaba abandonado y muriéndose lentamente. No soporté ver esta escena y estando sola lloré y lloré, y en mis oraciones siempre pedía a Dios que me diera valor y fuerza para encárgame de él. Al final Dios escucho mis oraciones y me complació mi deseo, ahora soy la nana de mi suegro (nombre que se le da cariñosamente a la abuela por cuidar a una persona). Yo le atiendo todo los días y es como mi hijo, desde que se despierta hasta que se duerme estoy pendiente de él, lo alimento, lo baño, lo ayudo en sus necesidades, y le leo la Biblia. Eso si, todos los días tenemos una hora de oración, pues quiero que él se acuerde de Dios…

En ese momento interrumpí la conversación, y para comenzar a predicarle lo primero que hable fue apreciarle sus actividades:

– Tiene un gran corazón, madre. Estoy seguro que Dios también está complacido contigo por ayudar a otras personas. Las Escrituras dicen que en esta Era los hogares estarán desprovistos de piedad, y eso se confirma en el caso que me has contado. Vivimos en una era cuyos síntomas son muy desagradables, la gente no tiene conocimiento verdadero, y por eso no saben distinguir que cosa es buena y que cosa es mala.

Entonces para presentarle el Bhagavad-gita y animarla a interesarse, le dije:

– Su vida es un ejemplo a seguir, madre. Ahora Dios le estando la oportunidad para adquirir más conocimiento, porque sin conocimiento no podemos ayudar a los demás. Este libro (el Bhagavad-gita) es un diálogo sagrado que contienen una gran sabiduría, y es especial para personas como usted, que están actuando piadosamente en esta vida. Este libro ayuda a recordar a Dios constantemente, y dice cuál es el destino a la hora de la muerte.

Entonces le leí un verso del Bhagavad-gita, donde explica que los pensamientos determinan el tipo de muerte:

“Cualquier estado de existencia que uno recuerde cuando abandone el cuerpo, ese estado alcanzara sin falta.”BG.8.6

Y después le leí el verso anterior que explica que si la persona muere pensando en Dios, entonces su destino es otro, un mundo espiritual donde no hay ansiedad:

“Y quienquiera que al final de la vida abandone el cuerpo recordándome únicamente a Mi, de inmediato alcanza Mi naturaleza. De esto no hay ninguna duda.” BG.8.5

La señora me pidió que siguiera leyendo el Bhagavad-gita:

– Continúe hijo, me encanta escuchar esas cosas.

Inmediatamente busque otros versos en relación a esos temas y mientras buscaba le iba explicando que todos tenemos diferentes destinos a la hora de la muerte, y luego leí estos dos versos:

“Cuando uno muere en el estado de la modalidad de la bondad, va a los planetas superiores y puros de los grandes sabios.” BG.14.14

“Cuando uno muere en el estado de la modalidad de la pasión, nace entre aquellos que se dedican a las actividades fruitivas; y cuando uno muere en el plano de la modalidad de la ignorancia nace en el reino animal.” BG.14.15

– Qué libro interesante, nunca había escuchas estas cosas, esas son palabras y obras de Dios –me dijo la anciana con mucha fe–. Me llevo ese libro, y también este (refiriéndose a Más allá del nacimiento y la muerte).

Después de pagar, se despidió con un consejo lleno de sinceridad:

– Todo es obra de Dios, y gracias a Él te he encontrado en mi camino. Continúe ayudando a la gente. Eso es lo que Dios quiere que hagamos, que hagamos siempre el bien a los demás. La gente necesita mucha ayuda. Gracias hijo por estar dedicado a esta labor. Mis oraciones y buenos deseos para ti, y que Dios siempre te acompañe.

Y reciprocando con ella, le dije las últimas palabras:

– Gracias por sus buenos deseos. Oraré también por ti. Que Krishna le de siempre sus bendiciones.

Así nos despedimos mutuamente recibiendo cada uno sus bendiciones. Ella se fue feliz con sus cuatro libros de Srila Prabhupada, y por ejecutar este sankirtan yajña mi felicidad tamién incrementó. Nitai Gaura Premananda. ¡Hariboool!

Mahajana das
Lima – Perú

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