Entrevista con Vrajendra Kumara Dasa

Vrajendra Kumara das (2)

Vrajendra Kumara Dasa es de Colombia y comenzó a distribuir libros en 2011. Es miembro del DSAL (Departamento de Sankirtana de América Latina) y viaja por Centroamérica realizando maratones de sankirtana.

Carta de Sankirtana: ¿Qué es sankirtana?

Vrajendra Kumara Dasa: Sankirtana es la escencia de nuestro movimiento, el motor con el que trabajamos en equipo. Es predicar los santos nombres de Krishna traídos por el Señor Caitanya, que está derramando amor por Dios sin medida a toda la humanidad, y es atraer a las personas al sublime movimiento que nos otorgó Srila Prabhupada. Es la razón por la que los pujaris visten hermosamente a las Deidades, para que la gente quiera venir a conocer a Krishna; es la razón por la que los cocineros se esmeran en cocinar un rico bhoga, para que Krishna lo saboree y la gente se sienta cautivada después por los sabores del prasadam. Y otros salen a cantar los santos nombres, algunos barren el templo, etc. ¡El sankirtana se encuentra en el corazón de todos!

Carta de Sankirtana: ¿Cómo se relaciona con la distribución de libros?

Vrajendra Kumara Dasa: Básicamente, en la distribución de libros se sale a la calle a sembrar bombas de conciencia a las personas. Tarde o temprano, estas bombas detonarán en alguna conciencia revelando el gran amor del Señor Caitanya por las almas condicionadas de esta era de riña e hipocresía. Los libros que nos dejó Srila Prabhupada son tan poderosos que pueden derretir el corazón de nuestra muy querida y confundida sociedad, reviviendo el sublime sabor de la relación eterna que tenemos con la Suprema Personalidad de Dios a través del canto de los santos nombres del Señor Krishna.

Carta de Sankirtana: ¿Cual es la importancia de la distribución de libros en nuestro movimiento?

Vrajendra Kumara Dasa: Srila Prabhupada decía que los libros son la base y que la prédica es la esencia, y por eso este servicio es tan importante, porque todo lo que leemos en los libros se practica al salir a distribuirlos: te permite volverte humilde, compasivo, determinado, darte cuenta que sólo eres un instrumento de la gran misericordia del Señor Caitanya, y permanecer cerca de tu maestro espiritual.

Carta de Sankirtana: ¿Cuándo te empezaste a ocupar en este servicio?

Vrajendra Kumara Dasa: Empecé en 2011, porque queríamos ir de Colombia a Ecuador para poder conocer a Su Santidad Jayapataka Swami. Un devoto, Acintya das, me motivó a distribuir libros. Apenas teníamos dos cajas de libros, pero me pareció un néctar de servicio y fue la primera vez en mi vida que sentí que hacía algo bueno por la gente y por mi.

Carta de Sankirtana: ¿Qué te inspiró a hacerlo?

Vrajendra Kumara Dasa: Cuando conocí a Su Santidad Jayapataka Swami, mi corazón sintió la necesidad de ayudar a Srila Prabhupada y mostrar así mi agradecimiento por lo que me ha dado, así que pedí las bendiciones de Maharaja, que me tocó con el cepillo del Señor Jagannatha y me dijo que me uniría a este movimiento y nunca me alejaría de él. Me sentí muy inspirado y pedí al presidente del templo, Rukmini Ramana das, que me recomendara a Aravinda das para unirme al DSAL. Aunque yo era muy nuevo, aceptaron que estuviera en el maratón de Brasil de diciembre y a partir de ese momento este nectáreo servicio atrapó mi corazón.

Un día le dije a mi guru, Su Santidad Hanumat Presaka Swami, que extrañaba mucho servirle personalmente. Él me dijo que haríamos un trato: cada vez que saliera a distribuir libros él estaría a mi lado acompañándome. Esta es mi inspiración ahora.

Carta de Sankirtana: ¿Podrías contarnos alguna historia especial que te haya ocurrido mientras hacíassankirtana?

Vrajendra Kumara Dasa: Uno de los pasatiempos más dulces que recuerdo ocurrió durante el maratón de diciembre de 2013. Me encontraba en una universidad y a las 10 de la mañana ya había distribuido una buena cantidad de libros pequeños y varios grandes. Estaba en una frecuencia difícil de describir en palabras, y llamé a uno de los últimos salones que quedaba. Cuando la profesora me abrió, me di cuenta que el salón estaba lleno de colores, como si fuera una sala de primaria, pero no le di importancia y pregunté si podía presentar una campaña especial. La profesora me respondió que los estudiantes de ese salón eran especiales, y yo me reí y le dije: “Lo que traemos es para los más especiales”. La profesora entonces, muy seria, me dijo: “Ellos realmente son especiales”. “No hay problema, profesora”, le respondí, “déjeme entrar, por favor”. La profesora me dejó entrar y llamó a un traductor. Cuando entré me di cuenta que los estudiantes tenían diferentes discapacidades: unos eran sordos, otros paralíticos, y algunos mudos. Al verlos mi corazón se ablandó y empecé a hablar de la campaña que estábamos realizando en la universidad. De repente me di cuenta que lo que estaba diciendo era diferente a lo que solía decir, estaba lleno de compasión por estos estudiantes. Sorprendido de las palabras que salían de mi boca, entendí que nada de lo que decía provenía de mí, y por un segundo dejé de prestar atención al salón y me puse a escuchar lo que yo mismo decía. Recuerdo haber dicho que el Señor Nityananda había venido a demostrarles lo especiales que eran para el Señor Krishna, Dios, y que tan sólo debían recordar que no eran el cuerpo, si no un alma eternamente feliz. “¿Ustedes creen que la felicidad se obtiene a partir de cosas materiales? Éstas son temporales, y ustedes son eternamente felices. El autor de estos libros, Srila Prabhupada, quiere que encuentren el camino para volver a la bienaventuranza eterna”. Mi corazón palpitaba cada vez más fuerte, y cuando volví a ser conciente del aula miré a los estudiantes y vi que algunos reían y otros lloraban. Quise darles los libros sin esperar nada a cambio, pero les informé que éstos tenían un costo y quien quisiera darnos algo a cambio, podían dejar una donación. Para mi sorpresa, varios me pidieron el Bhagavad-gita. Cada estudiante se llevó dos o tres libros pequeños, dando grandes donaciones. Cuando pasaba por las mesas, me tomaban de la mano como si quisieran decirme algo, pero no los podía entender. Yo sentía como si en cualquier momento fuera a explotar de la emoción, no podía concebir que el Señor Nityananda me hubiera dado este gran regalo del amor puro a las personas, y que yo hubiera recibido la misericordia de estar en aquel lugar y beber ese dulce néctar.

Cuando terminé de recoger el laksmi me di cuenta que la mochila estaba casi vacía, así que me despedí con gran dificultad de ellos, esforzándome por no mostrar mi emoción. Cuando estaba saliendo del aula, el traductor me pidió que esperara, pues algunos chicos querían decirme algo. Le respondí que tenía un poco de prisa, pero insistieron en no dejarme salir hasta que escuchara su mensaje.

Recuerdo que el primer joven se levantó y me dijo: “Gracias por haber revivido mi esperanza de vivir”. Otro dijo: “Prabhupada se ha convertido en mi autor favorito”. Una niña dijo que le gustaría viajar al igual que nosotros, entregando felicidad a las personas. Fue una sobredosis de amor y cuando fui a responderles mi voz se entrecortó. En ese momento los estudiantes se levantaron y me abrazaron. Uno de ellos estaba en silla de ruedas extendiendo sus brazos hacia mi, así que me acerqué hasta él y lo abracé también, dándole las gracias a todos y diciendo “¡Todas las glorias a Srila Prabhupada”.

Cuando salí del salón rompí a llorar y a saltar de felicidad, porque no podía entender lo que había acabado de pasar en ese lugar. Una profesora que me había comprado una colección antes, me vio llorando y me dijo: “No te desanimes, te va a ir mejor”. Yo le respondí que esto era lo mejor que le podía haber pasado a una persona, y que por favor buscara seriamente el néctar de la vida espiritual, pues después nada le sabría igual. La profesora se entusiasmó mucho y me dijo que vendría a visitarnos.

Carta de Sankirtana: ¿Qué es lo que más te gusta de este servicio?

Vrajendra Kumara Dasa: Sentir el néctar de la compasión y vivir en carne propia una gota del sentimiento de compasión tan grande que tenía nuestro fundador-acarya. Además, es el único momento en el que me siento realmente una buena persona.

Carta de Sankirtana: ¿Cómo es un día de sankirtana ideal para ti?

Vrajendra Kumara Dasa: Rezar mis rondas antes del Mangala-arati, cantar al Señor durante el Mangala-aratiimplorando Su misericordia, unas ronditas más, Gurupuja, 40 minutos del Srimad-Bhagavatam, y a salir a la calle viendo con claridad la importancia de la actividad que estamos realizando, entendiendo que no voy sólo, si no que me acompaña mi maestro espiritual. Pasatiempos por aquí, néctares por allá… hasta que me doy cuenta con tristeza de que tengo que volver al templo. Una vez allí, recibir la asociación de los santos devotos que, entre miles de personas, están entregados a la misión de Srila Prabhupada, sacrificando su propio bienestar para agradarlo.

Carta de Sankirtana: ¿Qué le aconsejarías a alguien que quiere distribuir libros?

Vrajendra Kumara Dasa: Sankirtana, la prédica, la distribución de libros… no son actividades materiales, es un estado de conciencia interno, un músculo que debe ejercitarse. Mientras me encontraba en Brasil, un día Su Santidad Bhakti Dhira Damodar Swami nos preguntó por qué realizábamos sankirtana. Dijimos varias cosas, pero él respondía a cada una de ellas negando la cabeza. Él dijo que el sankirtana es un servicio que te va purificando hasta llevarte a los pies de loto de Sri Caitanya, siguiendo las huellas de Srila Prabhupada. “Si realmente quieres llegar a la meta de la vida”, dijo, “este servicio es una gran oportunidad”.

Un sankirtanero en México, Jayadeva Hari das, me dijo un día: “Tú quieres ganarme y yo quiero dar mi vida por Srila Prabhupada, por eso no puedes distribuir grandes cantidades de libros”. Sonrió y me dio este consejo: “Trabaja con motivación interna y verás a las personas de otro modo”.

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