Entrevista con Radhana Rupini Devi Dasi

Radhana Rupini devi dasi

Radhana Rupini Devi Dasi es de Perú, y entró al templo de Chosica en 1999. Comenzó a distribuir libros un año después, en el 2000.

Carta de Sankirtana: ¿Qué es sankirtana? ¿Cómo se conecta con la distribución de libros?

Radhana Rupini Devi Dasi: El sankirtana es la verdadera razón de ser del mundo material, y ésta razón yace oculta a la vista del alma condicionada corriente de este mundo. Nuestro movimiento tiene bajo custodia este conocimiento y el sankirtanero tiene la misión de expandirlo, desactivando de la ilusión a la mayor cantidad de almas condicionadas posible.

Yo entré al templo de ISKCON Chosica allá por 1999 y recuerdo que les di muchos dolores de cabeza a mis autoridades. El entonces presidente del templo, Kanupandit das, me dijo: “Así como tienes astucia para hacer tantas cosas, utiliza esa misma astucia para que la  gente se lleve los libros de Srila Prabhupada”.

La forma en que me conectaba al principio con la distribución de libros era siguiendo el consejo de Kanupandit prabhu. Cada vez que entraba en un bus, imaginaba a mi maestro espiritual al fondo del pasillo, con una sonrisa tan dulce y feliz, en completo ananda, y eso me entusiasmaba a distribuir libros. En realidad no era totalmente imaginario, pues yo me comunicaba con él muy seguido, y él sabía cuanto distribuía a diario y como sufría mi ego falso. Así, yo sentía realmente que él estaba conmigo, aunque no lo viera físicamente.

Carta de Sankirtana: ¿Podría contarnos como es o fue su experiencia en la distribución de libros?

Radhana Rupini Devi Dasi: Empecé ha distribuir libros en el año 2000, bajo la guía de Jambavati Devi Dasi, quien ahora vive en México. Te cuento que antes yo no sentía atracción por salir a distribuir libros, así que realizaba diferentes servicios, tales como: asistente de pujari, guirnaldas para las deidades, limpieza, colecta debhoga para el ashrama… Pero cuando escuchaba a Jambavati decir: “Algún día saldrás a sankirtana” me surgía un rechazo inmediato. Yo pensé que algún día ellas perderían la fe en que yo llegara a salir, hasta que el día llegó. Salí junto con Vilasini Devi Dasi, otra devota que no tenía experiencia, así como yo. Nos prepararon unas samosas gigantes, galletas y un poco de kitchri, y después de decirnos palabras muy alentadoras nos enviaron al campo de batalla. Pero ese día los defraudamos; ¿sabes cuantos libros distribuimos? ¡Ninguno! Esperábamos a los buses, y cuando yo miraba las personas dentro del bus no me salía la voz y las manos me sudaban. Para empeorar la situación, el bus arrancó con un movimiento brusco y me tambaleé, así que traté de agarrarme de algo para no caer. Lo más cercano a mis manos era el gran moño de pelo de una señora, y sin pensármelo dos veces me agarré a él. Y ella, claro, gritó: “¡Aaaaay!” En fin, todo fue un desastre y me daba vergüenza volver al asrham. Las devotas, muy misericordiosas, me esperaron con un vaso de leche caliente y me leyeron el Libro de Krishna antes de dormir. Yo pensé: “Como quisiera ser una sankirtanera de verdad, hablar elocuentemente a las personas en los buses”.

La segunda vez salí con una devota experta en el tema, quien me dijo: “Tú sólo cargarás mi bolsa, nada más”. ¡Pero vaya bolsa! Súper grande y pesada. Sin embargo aquel día se distribuyeron todos los libros y fue una gran idea recibir la asociación de las devotas sankirtaneras.

Esta devota me enseñó que uno debe ser humilde y cantar buenas rondas, rogando al Señor que nos use como Su instrumento. Para eso deberíamos servir a los devotos en general. Llegó el día en que pude hablarle a la gente, e incluso les caía en gracia, se reían y los empecé a ver a todos como amigos.

Así pasé varios años, y tuve la gran fortuna de tener la asociación de buenas devotas, devotas que lo daban todo en sankirtana, lo sacrificaban todo, no paraban. Cada una sentía el deber de representar a su maestro espiritual. También compartíamos algunas realizaciones, era un néctar escucharlas.

Tras muchas experiencias, poco a poco comencé a encontrar muy divertido salir a distribuir libros y cuando hacía buenos resultados mi ego también aumentaba. Yo trataba de que dijeran mi nombre y mis puntajes delante de la Deidad, y cuando no lo hacían me frustraba. Se lo conté a mi Guru, Prahladananda Maharaja, y él, muy dulcemente me aconsejó: “Sí quieres que tus resultados de sankirtana sean ofrecidos a las Deidades, entonces ofréceselos tú misma cuando estés sola y mentalmente”. Con eso a mi me ayudó mucho… Así yo realicé que realmente no soy nada; quizás a veces pueda ser un instrumento, si es que los vaisnavas  me dan su misericordia. Pienso que hay gente que busca sinceramente a Dios y el Señor quiere darle un libro ese día, así que depende de Él quien sea Su instrumento para hacerle llegar ese libro.

Lo que más me gusta son los Maratones, pues tengo la oportunidad de asociarme con muchos sankirtaneros y aprender de ellos. Me podrían haber pasado muchas cosas en las calles, pero siempre sentí que Sri Krishna me protegió.

Carta de Sankirtana: ¿Te gustaría compartir con nosotros alguna historia que te haya sucedido mientras distribuías libros?

Radhana Rupini Devi Dasi: Muchos años atrás, una bhaktina y yo salíamos todos los días, decididas a que la gente se llevara todos los libros de nuestras cajas. Todos queríamos ganas el Maratón, y todos salían después del desayuno. Pero a mitad de mes varios devotos empezaron a salir más temprano y a llegar más tarde de lo estipulado. Un día me preparé con la intención de salir más temprano de lo habitual, pero mi compañera me dijo: “Radhana no salgas, acabo de tener un sueño premonitorio, tendrás un problema con policías”. Yo pensé que era un truco de maya, así que decidí salir igualmente.

Ya en la calle, mi compañera y yo distribuimos casi todos los libros gracias a la misericordia de nuestros amados Gurus, y cuando estábamos regresando, cantando alegremente, de repente… ¡zas! Un ladronzuelo me tiró al piso y se llevó mi maleta con todo el dinero que habíamos reunido. ¡Qué desesperación! Yo gritaba: “¡Auxilio, ratero! ¡Ayúdenme!”

Los devotos me dijeron que no saliera, pero no les hice caso y salí tras él, corriendo como nunca antes había corrido, atravesando callejones, casas y parques. Mientras corría sólo pensaba en mi maleta y el laksmi. Tras correr mucho encontré al ladrón sentado en un parque, y le grité: “¡Eh, tú! ¿Dónde está mi maleta?”

Sorprendentemente mi compañera de sankirtana había llegado con un policía y la captura fue muy rápida. Él me preguntó si faltaba dinero y yo le respondí que no. Entonces él le preguntó a mi compañera por qué le había dicho que había más dinero, y ella respondió muy molesta: “¡Ah claro, porque si no, no me ayudabas!”

El policía se enojó y decidió detenernos por mentirosas. Yo le rogué que no lo hiciera, y él nos pidió nuestros documentos. ¡Y no los teníamos!

“Oh, esto agrava la situación”, dijo el policía, mientras comenzaba a tomarnos los datos. “¿Cómo se llama?”, me preguntó. “Radha Rupini, señor”, le respondí. “¡¿Ese es tu nombre?!”, y claro, yo le dije que sí. “¿Su apellido?”, preguntó. “Devi Dasi”, dije. “Hummmm… ¿y tu padre permite que salgas tan tarde en la noche con libros a la calle?”, inquirió. “Ah sí, se pone contento”. “¿Y cómo se llama él?”, volvió a preguntarme. “Prahladananda Swami”, le dije inmediatamente.

Él me miraba como si yo le estuviera tomando el pelo. Finalmente él explotó de risa y me dijo que si le daba un libro nos dejaría irnos. Yo accedí, pero mi amiga le encaró diciéndole: “¡No! Si quiere llevarnos a la cárcel, ¡llévenos! ¡Abusivo!”.

Yo sentí mucha ansiedad, pero divisé a un devoto a lo lejos que se acercaba.

Pensé que él nos salvaría de la situación, pero cuando el policía le preguntó si debía detenernos por mentirosas, él estuvo de acuerdo. Y se fue sin más.

Yo, cansada, le dije al policía: “Por favor, yo no distribuyo libros para mi, el dinero es para mi comunidad. No me quedo con nada, soy misionera y predico para que la gente cambie sus corazones, para que policías como usted cambien. ¿Ve? Yo he salido todo el día, estoy cansada, me levanto a las 4:00 a.m. todos los días, quiero irme ya…”

Finalmente el policía accedió. Le regalé un libro y nos soltó a las dos. Al llegar mi autoridad estaba muy preocupada, y tras un regaño me dieron leche caliente y fui a dormir.

Carta de Sankirtana: ¿Podría contarnos 3 comprensiones que obtuvo a través de la distribución de libros?

Radhana Rupini Devi Dasi: Como les conté antes, yo era muy tímida y tenía terror a estar frente a mucha gente. Poco a poco pude hacerlo. Cuando mi padre se enteró que distribuía libros no lo podía creer.

Para mi es cierto el verso mukham karoti…: “Ofrezco mis respetuosas reverencias a mi maestro espiritual, el liberador de las almas caídas. Su misericordia convierte al mudo en un elocuente orador y le permite al cojo cruzar montañas.”

A través de tantos años, también he realizado que la gente realmente está sufriendo mucho, pero si les damos los libros de Srila Prabhupada, entonces podremos ayudarlos de manera real.

Cuando entro a un bus y veo el rostro de la gente, veo gente estresada, algunos con ira, otros con depresión. Algunas son mujeres tratando de tapar con maquillaje sus tristezas, a veces la gente me dice: “señorita en mi casa hay muchos problemas” o “tengo problemas con mi hijo”, y yo entendí que lo mejor que puedo hacer es darle los libros de Srila Prabhupada y nada más, y ese día puedo dormir pensando en aquellos que se llevaron un libro de Srila Prabhupada a sus hogares, y que seguro escucharán más de Krishna en un futuro no muy lejano.

Y por último, buenas rondas. ¡Sí! Un buen canto de japa es indispensable para que en la calle podamos ver las cosas de manera apropiada, para poder ser convincentes con lo que predicamos, y podamos tener la fuerza de decir: “Mira, este libro es para ti, ¡llévatelo!”, y que ellos se lo lleven. Sin japa, sin un buen canto, la mente nos atacará. Necesitamos japa y la asociación de los devotos para poder continuar con nuestra prédica por muchos años.

Carta de Sankirtana: ¿Cuál es su fuente de inspiración en sankirtana?

Radhana Rupini Devi Dasi: Mi Gurudeva, Prahladananda Swami, y también las entrevistas y publicaciones que he podido leer de Hridayananda das Goswami. 

Carta de Sankirtana: ¿Qué consejo le enviaría a alguien que quiere comenzar a distribuir libros?

Radhana Rupini Devi Dasi: Que cultive el deseo. Esto se puede lograr ganándose la misericordia de los devotos y del Guru, complaciendo a nuestras autoridades.

Al cultivar la buena relación con los devotos, ellos le darán naturalmente sus bendiciones para que pueda cumplir sus metas espirituales, como la de llegar a ser un devoto de sankirtana.

Quizás al principio sus mentecitas tratarán de desanimarlos, pero les aseguro que si tratan constantemente, por sus deseos, el Señor les dará la inteligencia y la habilidad para llevar a cabo este servicio de una manera exitosa. Y sobre todo recuerden que, más allá de la cantidad, es importante la conciencia con la que se distribuyen los libros de Srila Prabhupada. Si una persona los rechaza no se sientan desanimados o enojados con esa persona, siéntanse agradecidos. Tal vez sólo es una prueba para su determinación, quizás el Señor Caitanya quiere saber que tan sinceros somos. Lo que sí podemos hacer es tratar de seguir el proceso de tal manera que nos situemos en la modalidad de la bondad, y así nuestro sankirtana será un éxito.

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